Avengers: Endgame derrocha fan service en su cierre de ciclo… y poco más

Por Juan Francisco Barrera @cine.365


Avengers: Endgame. El final del juego. ¿O el juego final? El resultado varía una enormidad según la traducción que elijas. Como conclusión de una saga que ha dominado la cartelera por casi diez años, y que no ha escatimado en marketing para conquistar tanto a grandes como a niños, Endgame (desde ahora, EG) obtiene un sobresaliente. Completa un ciclo y abre la puerta para que inicie otro; distinto, renovado, con inmensas posibilidades para que los superhéroes marvelianos sigan dominando la cultura pop y el cine palomitero.


Por el contrario, si elegimos la segunda opción y entendemos EG como el último capítulo de una saga cinematográfica sin precedentes, el resultado es decepcionante. El eslabón más débil de la cadena. En EG no hay genialidad ni brillantez. La astucia se quedó en Infinity War, así como la tensión y el buen manejo de la trama. El miedo por la amenaza universal del peligroso Thanos no cala en ti como debería, por lo que de pronto te encuentras preguntándote qué harán después de sobrevivir, en vez de si van a hacerlo en primer lugar.


La mitad de los seres vivos del universo se hizo polvo tras el chasquido de Thanos. Capitán América, Thor, Hulk, la Viuda Negra, WarMachine, Rocket y Ojo de Halcón; son quienes conforman el grupo de Vengadores que perduró en la Tierra. Tony Stark y Nébula viajan a la deriva en el espacio, con pocas chances de sobrevivir. Si han visto las películas y los trailers, pueden imaginar lo que sucede. Y ese es el mismísimo comienzo de Endgame.


Recuerdo The Leftovers, hermosa serie de HBO que revisa los estragos que dejó en la sociedad  la desaparición del 2% de la población terrestre. La pérdida de la fe, la imposibilidad de continuar con sus vidas, el trauma y la autodestrucción. Reacciones intrínsecamente humanas y esperablestras una debacle como tal.


Pero no para los Vengadores. ¡¿Cómo pude esperar otra cosa?! Con el optimismo por delante en plan Steve Rogers sepultaron cualquier tipo de evolución emocional de sus personajes. No hay reacción ante tamaña tragedia. Un par de escenas de terapia grupal y llanto no redimen semejante frialdad frente a la muerte de amigos y seres queridos. La transformación espiritual, para bien o para mal, solo la consiguió Clint Barton… por cinco minutos. Su Ronin (no es spoiler, está en los trailers) prometía profundidad para un ser golpeado por la pérdida de toda su familia. Y aquel duelo siniestro y oscuro, tan sangriento como profundo, se acaba igual de rápido como aparece. Un desperdicio absoluto.


Así, nos encontramos con personajes exactamente iguales a los de la película que cautivó a todos en 2012. Juntos planearán regresar las cosas a su estado natural y es allí donde aparece Paul Rudd y su Ant-Man, lo más destacado de la cinta junto a Hulk. Ambos conducen el hilo humorístico al que intenta unirse fallidamente Thor. Tan repetitivo es lo del Dios del Trueno que roza el hartazgo.


Los Hermanos Russo se gastaron la tragedia y el suspenso en Civil e Infinity War. Y no los culpo: la trama no da para más. El guión es flojo en cuanto a la construcción de los eventos para el posterior desenlace y la tan ansiada catarsis. La retahíla de sucesos es previsible y solo sorprenden unos cuantos giros que, sin duda, impactarán a los más fanáticos. Ocurren muchas cosas, eso es innegable, lo que ayuda en parte a que las tres horas no se hagan una eternidad.


Olvídense de la temeridad con la que se filmó la precuela: ese montaje acelerado, aquel grandioso equilibrio entre las abundantes historias paralelas, el ritmo vertiginoso de cada escena de acción. En EG el viaje hacia el final es plano y carente de épica, la que sin duda se guardó todo para el final.


Porque si EG será recordada es por su final. La última media hora es una inyección de fan servicedirecta a la vena de los seguidores más recalcitrantes, así como de aquellos que solo disfrutan de este tipo de películas sin muy lejos. Sin embargo, nuevamente la grandiosidad de algunas escenas se ve eclipsada por momentos  que no transmiten lo que deberían: angustia, temor, épica y, por sobre todo, preocupación.


Los fans llorarán a raudales por el fin del ciclo. Algunas líneas argumentales quedan abiertas, mientras que otras se acaban para siempre. ¿Si es entretenida? Bastante si se obvian sus falencias ¿Si vale la pena? Por supuesto. ¿Si es la mejor película de superhéroes de la historia? En absoluto. No es ni la mejor del MCU. El podio aún es de The DarkKnight, y ni las seis Gemas del Infinito podrán decir lo contrario.

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